lunes, 29 de diciembre de 2008


Sin amigos ni estabilidad, Sam deja que todo ocurra a su alrededor, indiferente a… bueno, casi todo. Porque de todo el salón de clases, lo que más logra captar su atención (si es que no lo único) es la chica pecosa sentada a su derecha, en la otra fila. Y mientras se desvanece en ensueños y pensamientos sobre ella, una goma de borrar lo golpea en la nuca. Voltea rápidamente, con enfado: es Steve, primo de Carmelia, la pecosa, y su enemigo auto-denominadamente jurado. Digamos que no le hizo gracia alguna que Samuel, su mejor amigo, se enamorase de su prima.
La situación entera es interrumpida por la profesora:
-… Así que la raíz cúbica de ocho es… Demonios, materia del otro año. Pueden retirarse.
“Dos”, piensa Samuel. Siente lástima por el hecho de que la profesora tenga problemas de memoria; pero sabe de igual manera que no debe recordarle los contenidos, porque de hacerlo, Steve volvería a atascarlo en el bote de basura, como las últimas tres veces.

Es de costumbre ver a Samuel leyendo, siempre en la misma banca, durante el receso de mediodía. Es un momento de relajo y tranquilidad. Pero…
-¿Samuel?
Él despega la atención de su libro, y ve frente suyo a una chica de pelo escalonado, sonriente.
-Probablemente no me conozcas -“Has dado en el clavo”, responde Samuel, mentalmente-. Me llamo Francisca, y me preguntaba…, si almorzarías conmigo y unas amigas.
“Seguro. Almorzar con alguien a quien no conoz… Su nombre me suena de algún lado”. Y antes de poder negarse, es arrastrado a la mesa mencionada, donde es acosado con “preguntas tontas de niña”, creyéndose víctima de una pesada broma. Pues, según él, nadie podría tener un real y sincero interés en conocerlo; ni saber cuál era su color favorito, o lo que más le gustaba.
Cuando por fin se vio fuera de tan incómoda situación, metidas las narices nuevamente en su lectura, camina. A los pocos minutos, y cerrando el libro, apenas eleva la vista recibe de manera inesperada un fuerte empujón que lo hace retroceder. Era Steve.

lunes, 25 de febrero de 2008

Siuanhevuc (Introducción)


Si pudieras retroceder en el tiempo… ¿Adónde irías?
¿Repararías ese error que te costó un amigo?..., ¿recobrarías de tus seres queridos el sentido?..., ¿repondrías tu despedazada familia?, o simplemente… ¿evitarías haber nacido?
Hace algunos años, yo hubiera hecho lo último. Pero ahora… ahora…


Mi nombre es Samuel. Hasta ahora cuento con 15 años de edad, habiendo nacido un 15 de Abril… aciago día para mí.
Como casi todo chico de mi edad, tengo una familia… “convencional”: Mi madre, medio neurótica; mi padre, que se acuesta con otra; y mi pequeña hermana, Aralia, de 10 años.
Si bien debiera ser más fuerte que todo esto, siendo el único consciente del secreto, me lastima… Me está volviendo loco. Todos tenemos derecho a contar con alguien.
Hace 3 años confesé todo a mi madre. Mi padre me había amenazado, mas no podía soportar que la engañara… pero no me creyó; lo llamó estúpidamente “imaginación”. Más tarde, el mismo día, sufrí “las consecuencias de mis actos”, cortesía de mi padre, naturalmente.
Así, cada ocasión en que traté de quitar el velo de los ojos de mi madre, caro lo pagué; pero no obtenía nada. Nunca obtuve nada… más que golpes.
Me volví introvertido… muy introvertido. Casi dejé de hablar: con mi madre…, también con mi padre (por razones obvias). A mi hermana seguía y seguiría uniéndome un irrompible lazo de protección y afecto, pero… Los efectos… Todo ello influyó en mí de tal manera que…, al transcurrir los años… simplemente ya no era yo.

Samuel C.